domingo, 25 de enero de 2009

Oda al Pájaro Sofré de Pablo Neruda

Te enterré en el jardín: una fosa minúscula como una mano abierta,
tierraaustral, tierra fría,
fue cubriendo tu plumaje,
los rayos amarillos,
los relámpagos negros de tu cuerpo apagado.
De la fértil Goiania,
te enviaron encerrado.

No podías.
Te fuiste.
En la jaula con las pequeñas patas tiesas,
como agarradas a una rama invisible,
muerto,
un pobre atado de plumas extinguidas,
lejos de los fuegos natales, de la madre espesura,
en tierra fria lejos.

Ave purísima,
te conocí vivente, eléctrico, agitado, rumoroso,
una flecha fragante era tu cuerpo, por mi brazo y mis hombros anduviste independiente, indómito, negro de piedra negra y polen amarillo.

Oh salvaje hermosura, la dirección erguida de tus pasos,
en tus ojos la chispa del desafío, pero así como una flor es desafiante,
con la entereza de una terrestre integridad,
colmado como un racimo, inquieto como un descubridor, seguro de su débil arrogancia.

Hice mal, al otoño que comienza en mi patria,
a las hojas que ahora desfallecen y se caen,
al viento Sur, galvánico, a los árboles duros,
a las hojas que tú no conocías,
te traje, hice viajar tu orgullo a otro sol ceniciento lejos del tuyo quemante como cítara escarlata,
y cuando al aeródromo metálico tu jaula descendió, ya no teníasla majestad del viento,
ya estabas despojado de la luz cenital que te cubría, ya eras una pluma de la muerte,
y luego, en mi casa, fue tu mirada última a mi rostro, el reproche de tu mirada indomable.

Entonces, con las alas cerradas, regresaste a tu cielo, al corazón extenso,
al fuego verde, a la tierra encendida, a las vertientes, a las enredaderas, a las frutas,
al aire, a las estrellas, al sonido secreto de los desconocidos manantiales,
a la humedad de las fecundaciones en la selva,
regresaste a tu origen, al fulgor amarillo, al pecho oscuro, a la tierra y al cielo de tu patria.


Agradecimientos a Carlos Reyes Picasso que nos trajo este poema de Neruda.

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