jueves, 19 de febrero de 2009

YO SIEMPRE SUEÑO

Yo siempre sueño, supongo que del inconsciente surgen muchos episodios que no son reales pero por algo están ahí. A veces se repiten esos sueños, se mezclan con imágenes y con personajes de los que algo conozco. Sueño que soy Gala (http://es.wikipedia.org/wiki/Gala_Eluard_Dal%C3%AD), por ejemplo, desnuda frente al espejo imaginario, o frente a los ojos obsesionados de un Dalí imaginario.

Sueño que soy una remota Duquesa de Alba y me convierto en la Maja Desnuda (
http://es.wikipedia.org/wiki/La_maja_desnuda), o soy la Venus del Espejo con Goya y con Velásquez hablando de mí. Sueño despierta también. Suena el teléfono y una amiga pintora me invita a su taller: es la última clase de estos alumnos, me dice. Así que voy y sueño con los estudiantes de mi amiga, me los invento pero no estoy segura: hay una mujer encanecida que sufre con sus propias pinceladas, un pintor alto y colorín que no parece tener prisas ni ansiedades, dos jóvenes flacas, demasiado flacas, con el pelo largo y alisado que conversan entre ellas, y un muchacho de mirada ingenua como un cachorro de pastor alemán. La realidad y el sueño se confunden con el desafío que me propone mi amiga, me da miedo pero no tanto. Lo sé porque me miro en el espejo y me quito el maquillaje y me pongo la bata sin dejar de mirarme. Ella dice que los alumnos están acostumbrados y la Duquesa de Alba dice que no. Pongo mis condiciones: posaré como yo quiera y máximo una hora, porque tengo una reunión. Me da la idea que Goya y que Velásquez se ríen, pero en buena onda. No sé en qué momento me quito la bata porque ya estoy reclinada en una tarima sobre un paño. Pasa algo raro en este sueño, entre dormida y despierta de pronto estoy en un prado, el sol de la tarde me ilumina sin confundirse con los focos amarillos que mi amiga acaba de encender. Así que me olvido, me abandono, y tomo sol hasta que Gala me recuerda la hora de la reunión. Entonces ocurre que el joven, ese con ojos de cachorro de pastor alemán, ha encendido su mirada y me invita a ver su obra: me encanta. Le digo que se la compro, me dice que aún no está lista. Velásquez y Goya deciden no opinar. Así que la Duquesa de Alba le da mi dirección y mi teléfono al joven. Suena el despertador, ¿o es la agenda de mi blackberry insistiendo en mi reunión?

Me da la idea que esto ocurrió hace tiempo, tampoco estoy segura en realidad. Pero ayer, el conserje me dijo que un muchacho me había dejado en la recepción un paquete muy envuelto en papel kraft, y un sobre con una nota que decía: se llama mujer al sol y es un regalo. No tiene firma, prefiero así. En unos años, cuando exponga mis trabajos en alguna galería de las buenas, tal vez nos veamos.

Como dije, yo siempre sueño, y creo que esta noche soñaré con esa exposición.

Gala de espaldas, mirando un espejo imaginario.