
Una conocida anécdota cuenta que, cuando Miguel Ángel terminó de esculpir el Moisés, irritado por tanta perfección e impulsado por su ego, golpeó violentamente la rodilla de la estatua con un martillo gritando "¿por qué no me hablas?"
Algo similar ocurre en el jazz: nada es perfecto y tampoco se quiere que lo sea. Nunca se sabe lo que ocurrirá en el escenario (ahí está el secreto). Ni el público ni los músicos lo saben. Lo que sí saben, es aquello que están buscando: intensidad. Intensidad total!, y la intensidad se asocia con calor (dicen).De pronto se me viene a la memoria Oscar Peterson, pianista canadiense de jazz que es realmente una maravilla. Da la sensación que sus manos vuelan sobre las teclas. Sin embargo, ha sido muy criticado por lo que algunos entienden como una exuberancia innecesaria y demasiada "perfección" (es curioso, los críticos dictaminan lo que es bueno y es malo con tanta vanidad, que crean su propia forma de perfección: la que se ajusta a sus gustos personales). Yo, por mi parte, me siento muy distante de esos juicios. Al contrario, presumo que Oscar Peterson reniega abiertamente de la perfección. De hecho, cuando escucho sus improvisaciones con Ray Brown en el bajo, me doy cuenta que ambos "ensucian" intencionadamente lo que tocan, con un cantito gutural y unos gemidos tenues que les salen del alma. ¡Me encanta! Para mi gusto, los críticos de todos los tiempos han golpeado equivocadamente con sus martillos inmaculados la rodilla de muchos "Moisés". Allá ellos que nunca han sentido "reumatismo". Lo perfecto, contrariamente a lo que dice el refrán, no es enemigo de lo bueno sino de lo intenso, de lo vital. ¡Bien por la intensidad de Oscar Peterson!... y una nota de duda por la perfección.
Y claro, las estatuas no hablan… tampoco "la perfección" es capaz de hablar.¿Acaso no han sentido alguna vez esa especie de frío que proviene de las cosas demasiado "perfectas"? Pues yo sí, y de verdad me alegro. Incluso pienso que en alguna parte de mis huesos debo tener sensores que detectan esa "frialdad", porque cada vez que estoy en frente de algo "sospechosamente perfecto", me viene un reumatismo repentino y me duelen las rodillas. Más bien una rodilla, la derecha, y en eso coincido con Moisés (o mejor dicho con la estatua de Moisés). Casi nada es perfecto. En un rostro, por ejemplo, la mitad derecha jamás es idéntica a la mitad izquierda (las mujeres nos miramos bastante al espejo y sabemos del tema). Tampoco la flor que nos parece perfecta, lo es en realidad: no hay simetría en sus pétalos ni uniformidad en el color. Lo que hay es azar y adaptación a las circunstancias: el viento, la lluvia inesperada, el sol excesivo, hacen que la flor se modifique, explore y busque los mejores caminos a su alcance para sobrevivir.
Algo similar ocurre en el jazz: nada es perfecto y tampoco se quiere que lo sea. Nunca se sabe lo que ocurrirá en el escenario (ahí está el secreto). Ni el público ni los músicos lo saben. Lo que sí saben, es aquello que están buscando: intensidad. Intensidad total!, y la intensidad se asocia con calor (dicen).De pronto se me viene a la memoria Oscar Peterson, pianista canadiense de jazz que es realmente una maravilla. Da la sensación que sus manos vuelan sobre las teclas. Sin embargo, ha sido muy criticado por lo que algunos entienden como una exuberancia innecesaria y demasiada "perfección" (es curioso, los críticos dictaminan lo que es bueno y es malo con tanta vanidad, que crean su propia forma de perfección: la que se ajusta a sus gustos personales). Yo, por mi parte, me siento muy distante de esos juicios. Al contrario, presumo que Oscar Peterson reniega abiertamente de la perfección. De hecho, cuando escucho sus improvisaciones con Ray Brown en el bajo, me doy cuenta que ambos "ensucian" intencionadamente lo que tocan, con un cantito gutural y unos gemidos tenues que les salen del alma. ¡Me encanta! Para mi gusto, los críticos de todos los tiempos han golpeado equivocadamente con sus martillos inmaculados la rodilla de muchos "Moisés". Allá ellos que nunca han sentido "reumatismo". Lo perfecto, contrariamente a lo que dice el refrán, no es enemigo de lo bueno sino de lo intenso, de lo vital. ¡Bien por la intensidad de Oscar Peterson!... y una nota de duda por la perfección.Youtube Oscar Peterson Trio - Live in Italy 1961 - Part 3: http://www.youtube.com/watch?v=k1HBrS23aGQ
Editado por por Cristian Munitiz Venegas





